29-09-2008 Burbuja Inmobiliaria

Todo concepto correcto deja de ser tal cuando cruza ciertos límites. Es lo que ocurriría si la afirmación de que la crisis mundial tiene su centro en Estados Unidos supusiera que, por ejemplo, el capital financiero en la Unión Europea enfrenta una perspectiva de bancarrota mitigada o periférica a la norteamericana. En realidad, ocurre todo lo contrario, porque como lo clarifica muy bien un artículo del Financial Times (23/9), “los mayores bancos Europeos no solamente son demasiado grandes para dejarlos caer sino también demasiado grandes para ser salvados”.

A diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, ningún Estado Europeo tiene la capacidad financiera para hacerse cargo de ellos, ni la UE constituye un Estado supranacional, o sea con una capacidad de imponer contribuciones en gran escala o recurrir en esa misma medida al mercado de capitales.

Los autores de este interesante artículo señalan que el Deutsche Bank tiene obligaciones por dos billones de Euros (2,8 billones de dólares) y un apalancamiento de 1 a 50, o sea que su capital es de apenas 40.000 millones de Euros. La situación del Deutsche es, entonces, incluso peor que la de los norteamericanos Bear & Sterns, Lehman Brothers o Fannie Mae, que fueron enviados a la quiebra o rescatados en forma precaria por el Tesoro de los Estados Unidos. Pero el problema Europeo es que el monto del endeudamiento del Deutsche equivale al 80% de todo el PBI de Alemania, que es de 2,5 billones; o sea que su rescate está fuera del alcance de la señora Merkel.

Algo similar ocurre con el inglés Barclay, cuyas obligaciones son de 1,3 billones de libras esterlinas (2,4 billones de dólares) y tiene un apalancamiento de 1 a 60, o sea que su capital es de solamente 20.000 millones de libras esterlinas.

Pero, además, el endeudamiento del Barclays es igual a todo el PBI de Gran Bretaña, o sea que Gordon Brown estaría obligado a mirar el hundimiento del Barclays por TV. Son, precisamente, estas limitaciones insalvables (el déficit relativo de sus finanzas y de su crédito público) las que explican el “conservadurismo financiero” de los Estados Europeos y del Banco Central de Europa (BCE).

En resumen, Europa depende de la capacidad de salvataje del Tesoro norteamericano.

Fue lo que ocurrió, cuentan los articulistas, con la nacionalización de la aseguradora norteamericana AIG pues al evitar su quiebra se salvaron, al mismo tiempo, los seguros sobre operaciones financieras de la banca Europea, por una suma de 300.000 millones de dólares.

¿Y entonces?

La respuesta es obvia: lo único que puede hacer la UE es suplementar las operaciones de rescate que arma el Tesoro de Estados Unidos, con la expectativa de que la crisis no voltee a sus propios grandes bancos.

Esto podría producirse de diversas maneras: una es seguir comprando los títulos que emita el Tesoro de Estados Unidos para salvar a empresas en quiebra; la otra es comprar en forma ilimitada los dólares que emita Estados Unidos cuando la que compre esos títulos del Tesoro sea la Reserva Federal. Estos dólares se filtran, ulteriormente, al mercado mundial por la vía del comercio (déficit de comercio exterior) o del movimiento de capitales (salida al exterior).

En su límite, esta situación es insostenible: lleva a la devaluación del dólar (revaluación del Euro) y al dislocamiento monetario internacional. De todos modos, alguno de estos grandes podría caer en el próximo período con independencia de lo que intente hacer Estados Unidos o, precisamente, por el fracaso de sus planes de rescate.

Como se puede ver, la perspectiva de la Unión Europea como tal es extremadamente precaria.

Los Estados nacionales no tienen los medios financieros que requiere la situación, mientras la Comisión Europea no tiene los recursos estatales y políticos.

Una salida sería la de otorgar a las instituciones supra-europeas capacidades financieras y presupuestarias extraordinarias, pero esto conlleva a liquidar los Estados nacionales y a construir uno de carácter continental, lo que no podría ocurrir sino al cabo de crisis extraordinarias y prolongadas y, probablemente, de una nueva guerra que encargue esa tarea a uno o dos Estados nacionales existentes contra los otros.

La otra es la disolución de la UE y, en ambos casos, se llega a una situación de conflicto terminal con el imperialismo norteamericano, transformándose en una colonia yanqui o produciendo una nueva guerra mundial.

Extracto del artículo: El colapso capitalista inaugura una gran crisis política
Jorge Altamira - Argenpress

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