13-08-2005
13-08-2005 La Nueva España
Por Lorenzo Bernaldo de Quirós
El endeudamiento de las familias españolas
La deuda de las familias españolas ha crecido de manera espectacular en los últimos años hasta situarse en el 103 por ciento de la renta disponible, una ratio elevada pero inferior a la de los norteamericanos, británicos, franceses o alemanes.
En términos absolutos, ese porcentaje equivale a más de un billón de euros, una cifra muy abultada pero que conviene relativizar, ya que esa posición deudora se ve compensada por el fuerte crecimiento de la riqueza total -financiera e inmobiliaria- de los hogares patrios, que representa diez veces la renta familiar bruta disponible, esto es, los ingresos percibidos por ellos una vez descontados impuestos y cotizaciones sociales.
En otras palabras,
los ciudadanos deben más pero también son mucho más ricos.
A pesar de ello existen voces de moderada alarma ante esa situación.
De modo resumido, el periodo 1995-2004 está caracterizado por un aumento considerable de la riqueza inmobiliaria y por el más modesto de la riqueza financiera, lo que refleja la combinación de la preferencia histórica de las familias por los activos reales frente a los financieros, reforzada por la apreciación de los bienes inmuebles.
Paralelamente, ese importante esfuerzo inversor ha obligado a los hogares a recurrir al endeudamiento para poder incrementar su patrimonio urbano.
Ahora bien, la propensión a invertir en «ladrillos» no es psicológica ni irracional, sino que tiene un sólido fundamento: la rentabilidad proporcionada por la vivienda ha sido y todavía es superior a la suministrada por los depósitos bancarios, las acciones u otros productos alternativos.
La principal amenaza que se cierne sobre la posición deudora de los hogares es una subida de las tasas de interés, lo que debilitaría su solvencia.
Una buena parte de los analistas no considera realista esta hipótesis en el horizonte del corto plazo.
Por añadidura, consideran que un movimiento alcista del precio del dinero sólo tendría consecuencias graves si fuese agudo e imprevisto.
En un escenario de subidas graduales de las tasas de interés, las familias tendrían un margen suficiente para ajustarse a ese nuevo escenario. En un reciente estudio, la Caixa ha expuesto el ejemplo británico.
El endurecimiento de la política monetaria decretado por el Banco de Inglaterra no se tradujo en un abaratamiento de la vivienda hasta dos años después.
Aunque ese planteamiento es razonable, también hay otros igualmente razonables y menos optimistas.
Los tipos de interés en la eurozona están en mínimos históricos y su recorrido es sólo al alza.
Por otra parte, la mayoría de las familias españolas están endeudadas a tipos variables,
lo que las hace más vulnerables a un movimiento alcista de los mismos.
Además, los individuos están acostumbrados a tipos muy bajos, tienen expectativas de que esa coyuntura no cambie y esperan una revalorización permanente de sus activos reales.
En este marco, una suave alza de las tasas de interés y/o la perspectiva del final de los tiempos del dinero barato bastarían para «desinflar» la burbuja inmobiliaria y para provocar un ajuste en los precios superior al justificado por el endurecimiento de la política monetaria.
El endeudamiento de las familias españolas
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